lunes, 30 de diciembre de 2013

Poder disfrutar del silencio.
Huir del ruido y de la gente de Madrid. Lo necesitaba. Necesitaba poner un poco de orden en toda esta locura que me rodea de esta manera tan desordenada que me descoloca.
Salir a la oscuridad y el silencio del campo. Aferrame al abrigo para luchar contra el frio invernal que se vive aquí.
Nada, nadie. Solo yo y mis pensamientos que gritan como locos perdiéndose entre los susurros de los arboles, que han despertado con la salida de la luna. Uno tras otro revolotean sobre mí para hacerme consciente de todo lo que ahora mismo estoy viviendo y cómo lo estoy haciendo.
Y te pienso. Tras luchar inútilmente contra ese pensamiento, sale y ahí se queda, haciendo eco en cada rincón de mi cabeza. Hasta las hojas de los arboles se callan para escucharte, para poder pensarte mejor.

martes, 24 de diciembre de 2013

Increíble pero cierto.
En el último momento, en nuestro último encuentro.
Por fin conectamos.
 

lunes, 16 de diciembre de 2013

Cuarenta minutos

Son cuarenta minutos únicos.
Cuarenta minutos en los que te olvidas de todo.
Cuarenta minutos que no cambio por nada, ni por nadie.
Cuarenta minutos de intensidad, de risas, de ganas. No hay preocupaciones, no hay exámenes, no hay tristeza, no hay malos recuerdos, no hay dolor. Son cuarenta minutos en los cuales solo te preocupas por esas once personas que van a vivir esos cuarenta minutos contigo.

Son personas que te van a apoyar aunque la líes, si al momento has intentado recuperar y enmendar tu error. Son aquellas que te van a echar la bronca cuando tienes un mal gesto con la contraria, para que no pierdas la cabeza. Son aquellas que te van a animar cuando te vean agobiada pro no haber llegado a tiempo. Son aquellas que aunque en ese momento no estén a tu lado, y estén a unos metros van a aplaudirte.

Porque tenéis algo en común. Porque vivimos la magia de esto.
Cada derrota, cada victoria. Porque somos una familia que superamos los tropiezos juntas.
Es algo mágico. te trasladas a otra dimensión. La dimensión del baloncesto.
Por muchos partidos como el de ayer.
Porque sois muy grandes chipis.


domingo, 8 de diciembre de 2013

Que vuele mi imaginación


Me imagino volver a verte. Quedaríamos a alguna hora de la noche, cerca de tu casa. Yo me tiraría unas cuantas horas pensando qué ponerme para impresionarte por última vez. Tras haber sacado todo mi armario y haberlo dejado todo patas arriba, por fin arreglada me dispongo a salir.

Llegas tarde como siempre, pero con un beso te disculpas. Damos un largo paseo, charlando tranquilamente de los mismos temas. Temas nuestros pero que comienzan a agotarse tras todo este tiempo.

Nos sentamos en silencio y me miras, con esa mirada tan tuya que hoy noto distinta, me miras de verdad. Sonríes sin dejar de mirarme. Me contagias la sonrisa y tras un tímido qué y su correspondiente nada, continuamos la conversación muda de miradas.

Saco el tema prohibido y se termina la magia. No hablamos, tampoco nos miramos ya. Te levantas invitándome a que te siga caminando unos pasos por delante. Suspiro, te sigo dirección a la parada del autobús para marcharme a casa.

Dos tristes besos de despedida, me demuestran que estaba en lo cierto. Ojalá me hubieras dado un beso. Un apasionado y tímido beso de los que antaño me dabas y tras haberme mirado de la manera que lo hiciste, pensé que me lo darías. Una vez más me equivoqué.

Ya no hay vuelta atrás. Dejo que tus absurdas palabras se las lleve el viento, no son creíbles. Te deseo lo mejor. Mucha suerte. Esta era nuestra historia y ha llegado a su fin. No podemos seguir viviéndola, sería nuestra mayor mentira. Hemos crecido pero no hemos cambiado. Por eso solamente, como dice el título, dejaré volar mi imaginación.

 

sábado, 7 de diciembre de 2013

Sin control

Perdiste el control. Llevabas muchos años actuando de una manera, haciendo siempre lo mismo, eras tú el que tenía el control. Tu decías cuando había que ponerle fin a todo. Eras tú el que decidía siempre. Y así fue. Tras unas dolorosas palabras que ocupan un rincón de mi memoria y desgraciadamente nunca lo abandonarán, todo se evaporó. De la noche a la mañana no había nada. Fin. Para ti, como siempre, estabas acostumbrado. Era tu "rutina".
Llegó el momento de arrepentimiento. Pero ahí perdiste tu control. Fui yo quién decidió, quien te robó ese control. Y eso te frustra, no te gusta haberlo perdido. A nadie le gusta, pero a ti especialmente. Y por eso piensas así ahora, realmente quieres recuperar tu control. Por eso me dices todas esas palabras sin valor, lo siento, lo perdieron. No considero que realmente las sientas. Puede que sí y me esté equivocando. Pero creo que te conozco lo suficiente, conozco tus debilidades y tus puntos fuertes. Y me veo con todo el derecho del mundo a opinar. Porque deberías darte cuenta de que no es malo cambiar tu rutina, tus costumbres o manías, llámalo como quieras. Nos molesta, cierto es, nos frustra y muchas veces nos enfada. Pero se puede aprender tanto de ese cambio, sí, cambio y no error como se dice por ahí. Pero no es algo que te tenga que decir yo ni nadie. Eres tú el que tiene que darse cuenta de esto. Dejar de intentar recuperar tu control. Ese ha sido tu peor enemigo.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Palabra perfecta

Sabemos que las palabras son poderosas, sabemos el poder que tienen, son capaces de hacer llorar y al mismo tiempo hacer reír. Nos enfadan, nos sonrojan, nos sorprenden, nos decepcionan, nos entusiasman, nos duelen, nos gustan. Por todo esto nos dan miedo. Muchas veces no somos capaces de encontrar la palabra adecuada para transmitirle a esa persona que tenemos en frente nuestro pensamiento, nuestra angustia, nuestro sentimiento. Y nos callamos. Nos callamos porque nos acobardamos ante el poder que tienen. Deberíamos afrontar ese miedo a las palabras y ser capaces de decirle a esa persona aquello que sentimos, encontrar la palabra adecuada, porque sino el día de mañana nos arrepentiremos y no habrá marcha atrás. Nunca podremos volver a ese momento y usar la palabra perfecta.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Primeras palabras

Duró un instante, mínimo y suficiente para que todos mis sentidos se vieran alterados. Todo mi metabolismo revolucionado y mi cuerpo paralizado ante tal colapso. Manos temblorosas y sudorosas. El estómago dispuesto a luchar contra la naturaleza y expulsar todo su contenido. Lágrimas silenciosas en fila, una detrás de otra, tranquilas, sin acoplarse, sin necesidad de apresurarse, van saliendo lentamente por cada uno de mis ojos. Y en mi garganta se atragantan las palabras, sin querer salir. Se ahogan tristemente demostrándome cuán equivocada estaba, pensando estar preparada para afrontar tu fría realidad.