Sabemos que las palabras son poderosas, sabemos el poder que tienen, son capaces de hacer llorar y al mismo tiempo hacer reír. Nos enfadan, nos sonrojan, nos sorprenden, nos decepcionan, nos entusiasman, nos duelen, nos gustan. Por todo esto nos dan miedo. Muchas veces no somos capaces de encontrar la palabra adecuada para transmitirle a esa persona que tenemos en frente nuestro pensamiento, nuestra angustia, nuestro sentimiento. Y nos callamos. Nos callamos porque nos acobardamos ante el poder que tienen. Deberíamos afrontar ese miedo a las palabras y ser capaces de decirle a esa persona aquello que sentimos, encontrar la palabra adecuada, porque sino el día de mañana nos arrepentiremos y no habrá marcha atrás. Nunca podremos volver a ese momento y usar la palabra perfecta.
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