sábado, 7 de diciembre de 2013

Sin control

Perdiste el control. Llevabas muchos años actuando de una manera, haciendo siempre lo mismo, eras tú el que tenía el control. Tu decías cuando había que ponerle fin a todo. Eras tú el que decidía siempre. Y así fue. Tras unas dolorosas palabras que ocupan un rincón de mi memoria y desgraciadamente nunca lo abandonarán, todo se evaporó. De la noche a la mañana no había nada. Fin. Para ti, como siempre, estabas acostumbrado. Era tu "rutina".
Llegó el momento de arrepentimiento. Pero ahí perdiste tu control. Fui yo quién decidió, quien te robó ese control. Y eso te frustra, no te gusta haberlo perdido. A nadie le gusta, pero a ti especialmente. Y por eso piensas así ahora, realmente quieres recuperar tu control. Por eso me dices todas esas palabras sin valor, lo siento, lo perdieron. No considero que realmente las sientas. Puede que sí y me esté equivocando. Pero creo que te conozco lo suficiente, conozco tus debilidades y tus puntos fuertes. Y me veo con todo el derecho del mundo a opinar. Porque deberías darte cuenta de que no es malo cambiar tu rutina, tus costumbres o manías, llámalo como quieras. Nos molesta, cierto es, nos frustra y muchas veces nos enfada. Pero se puede aprender tanto de ese cambio, sí, cambio y no error como se dice por ahí. Pero no es algo que te tenga que decir yo ni nadie. Eres tú el que tiene que darse cuenta de esto. Dejar de intentar recuperar tu control. Ese ha sido tu peor enemigo.

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