lunes, 30 de diciembre de 2013

Poder disfrutar del silencio.
Huir del ruido y de la gente de Madrid. Lo necesitaba. Necesitaba poner un poco de orden en toda esta locura que me rodea de esta manera tan desordenada que me descoloca.
Salir a la oscuridad y el silencio del campo. Aferrame al abrigo para luchar contra el frio invernal que se vive aquí.
Nada, nadie. Solo yo y mis pensamientos que gritan como locos perdiéndose entre los susurros de los arboles, que han despertado con la salida de la luna. Uno tras otro revolotean sobre mí para hacerme consciente de todo lo que ahora mismo estoy viviendo y cómo lo estoy haciendo.
Y te pienso. Tras luchar inútilmente contra ese pensamiento, sale y ahí se queda, haciendo eco en cada rincón de mi cabeza. Hasta las hojas de los arboles se callan para escucharte, para poder pensarte mejor.

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