Me imagino volver a verte. Quedaríamos
a alguna hora de la noche, cerca de tu casa. Yo me tiraría unas cuantas horas pensando
qué ponerme para impresionarte por última vez. Tras haber sacado todo mi
armario y haberlo dejado todo patas arriba, por fin arreglada me dispongo a
salir.
Llegas tarde como siempre, pero
con un beso te disculpas. Damos un largo paseo, charlando tranquilamente de los
mismos temas. Temas nuestros pero que comienzan a agotarse tras todo este
tiempo.
Nos sentamos en silencio y me
miras, con esa mirada tan tuya que hoy noto distinta, me miras de verdad. Sonríes
sin dejar de mirarme. Me contagias la sonrisa y tras un tímido qué y su
correspondiente nada, continuamos la conversación muda de miradas.
Saco el tema prohibido y se
termina la magia. No hablamos, tampoco nos miramos ya. Te levantas invitándome
a que te siga caminando unos pasos por delante. Suspiro, te sigo dirección a la
parada del autobús para marcharme a casa.
Dos tristes besos de despedida,
me demuestran que estaba en lo cierto. Ojalá me hubieras dado un beso. Un
apasionado y tímido beso de los que antaño me dabas y tras haberme mirado de la
manera que lo hiciste, pensé que me lo darías. Una vez más me equivoqué.
Ya no hay vuelta atrás. Dejo que
tus absurdas palabras se las lleve el viento, no son creíbles. Te deseo lo
mejor. Mucha suerte. Esta era nuestra historia y ha llegado a su fin. No
podemos seguir viviéndola, sería nuestra mayor mentira. Hemos crecido pero no hemos
cambiado. Por eso solamente, como dice el título, dejaré volar mi imaginación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario