Duró un instante, mínimo y suficiente para que todos mis sentidos se vieran alterados. Todo mi metabolismo revolucionado y mi cuerpo paralizado ante tal colapso. Manos temblorosas y sudorosas. El estómago dispuesto a luchar contra la naturaleza y expulsar todo su contenido. Lágrimas silenciosas en fila, una detrás de otra, tranquilas, sin acoplarse, sin necesidad de apresurarse, van saliendo lentamente por cada uno de mis ojos. Y en mi garganta se atragantan las palabras, sin querer salir. Se ahogan tristemente demostrándome cuán equivocada estaba, pensando estar preparada para afrontar tu fría realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario