viernes, 6 de febrero de 2015

12960000

Como una niña, con una tímida sonrisa en la cara, he recordado el día que nos conocimos. Ese juego de miradas, exclusivamente nuestro, que mantuvimos como dos tontos hasta que nos pareció suficiente para poder incluir alguna ligera sonrisa. 
Recuerdo lo nerviosa que me puse cuando volviste a entrar por la puerta. Y nuestras primeras palabras, seguidas de risas nerviosas y un intento de baile que no prosperó.
Hoy he pensado lo curiosa que puede llegar a ser la vida, sorprendente, inesperada y repentina quizás. Te cruzó en mi camino en el momento perfecto. El momento justo para que  me aferrara a ese insignificante destello de ilusión que apareció de repente, en forma de dos ojos verdes y una sonrisa perfecta. Esos ojos que no me canso de mirar y en los cuales me perdería durante horas.
Hace exactamente 12960000 segundos, y ahora que has aparecido, no quiero que te vayas.
Sé que te lo he dicho mil veces, pero no canso de repetirlo, y es que me encantas y me encanta pasar tiempo contigo. Tenerte a mi lado es lo mejor que me ha pasado.
 





sábado, 20 de diciembre de 2014

Estoy tratando de descubrir como nuestros caminos pudieron llegar a cruzarse. Me pregunto cómo has sido capaz de aparecer en este momento tan preciso. Si ha sido un capricho de la vida, que puede llegar a ser muy oportuno o si ha querido ser generosa, brindándonos esta ocasión. Dándonos además, la libertad de vivirla a nuestra manera. 
Porque, de qué nos sirve tener una oportunidad como esta al alcance de nuestra mano y dejarla escapar. Dejarla escapar por miedo. Miedo a cometer los mismos errores, miedo a repetir experiencias pasadas, miedo al fracaso, a ser rechazado, miedo al compromiso, a las responsabilidades, en definitiva, miedo a las personas.
Y es que el miedo nos anula, es aquello que nos impide seguir hacia delante cuando por fin nos hemos decidido a dar el paso. Es aquello que nos impide disfrutar de los mejores momentos, momentos únicos y especiales que nunca más tendremos la ocasión de vivir y nos perderemos por ese temor.
Yo he decidido que por nada del mundo me pierdo momentos contigo.
Momentos de risa haciéndonos cosquillas.
Momentos de silencio tras un largo beso.
Momentos de emoción al verte tras una dura semana.
Momentos de añoranza al salir por la puerta de tu dormitorio.
Momentos de ternura abrazada a ti.
Momentos de ilusión al mirarte a los ojos.

Por muchos momentos más.

martes, 14 de octubre de 2014

Tú no lo sabes

Tú no lo sabes, pero cuento las horas para que sea de noche y hablemos. Cuento los días que quedan para verte y cruzo los dedos para que ese tiempo se eternice como pueden llegar a hacerlo ciertos momentos aburridos, de nuestra ya tan acostumbrada rutina. Tú no lo sabes, pero cuando te veo un nerviosismo acapara mi cuerpo. Acalorada con las mejillas sonrosadas noto como mi pulso se acelera. Y durante unos minutos solo oigo el estruendoso latido de mi corazón y rezo para que tú no lo oigas y pienses que estoy loca. Mis manos me traicionan mostrando mi inquietud con su temblor y sudor. Tú no lo sabes, pero me encanta cómo me miras y perderme en tus verdosos ojos. Que me agarres de la cintura y me des un inesperado beso. Tú no lo sabes, pero me ilusionó conocer a tus amigos. Tener una foto juntos.
Pero lo que seguramente sí sabes es lo mucho que me gustas.

jueves, 2 de octubre de 2014

Una mirada, un acercamiento, palabras tímidas de presentación y un primer beso. 
Una cena con su correspondiente copa. 
Una cama y dos desconocidos unidos por la complicidad del momento. 
Un buenos días. 
Una ducha para dos. 
El beso de despedida.  
Un mensaje de agradecimiento. 
Más mensajes.
O no.

jueves, 24 de julio de 2014

Echar la vista atrás y ver cuánto hemos avanzado, cuánta gente ha pasado por nuestra vida dejando su granito de arena.
Hay personas que nunca volveremos a ver, personas que tomaron otro camino, que probablemente no vuelva a cruzarse con el nuestro.
Personas que aportaron algo en un momento determinado pero que ya se encuentran muy lejos. Y esas personas que nunca llegaste a pensar que persistirían.
Aquellas que creías pasajeras y se han convertido en imprescindibles. Aunque pasen cinco meses hasta que consigáis cuadrar agendas, sabes que esas dos horas van a ser como si os hubierais visto el día anterior.
Y es que esas personas son las que importan.
Que te abren los ojos de una manera única ante ese pensamiento que lleva amargándote últimamente.
Te hacen reír como solo ellas saben.
Personas con las que puedes contar en cualquier momento y ante cualquier circunstancia.
Personas que seguramente te conozcan mejor que aquellos con los que compartes el día a día.

Personas que simplemente, te quieren.  

miércoles, 28 de mayo de 2014

Me la juego

Escribo y borro, escribo y borro de nuevo, así una y otra vez.  
Y es que me pongo nerviosa solo de pensar en ti. Con una sonrisa tonta, estoy delante del ordenador soltando cursilerías de esas que odio y que pocas veces o nunca te digo, porque ya me conoces, me hago la difícil. Y por eso las borro, pero vuelven solas, se reescriben, pero ¡Cómo no van a hacerlo!

Si es que tus llamadas me dan la vida.
Tus besos eclipsan mis enfados. 
Tus risas ahogan mis lloros. 
Tu mirada me atrapa cada día un poco más. 
Tú me llenas apasionadamente. 
Tu sonrisa me enamora poco a poco. 
Tus abrazos me acogen calurosamente. 
Tú que me encantas. 
Si, ya lo he dicho. Un secreto a voces.

Lo has conseguido, has conseguido que cuando me despido de ti, me ponga a contar los días que quedan para verte de nuevo.
Y que te eche de menos cuando son muchos. Estás consiguiendo endulzarme un poco con lo imposible que pueda parecer. Has conseguido que invente planes contigo en mi cabeza que quiero llevar a cabo. 
Pero me da miedo. Me da miedo jugármelo todo al marrón de tu barba y perder. Dejar a la banca del pasado que gane y se lo lleve todo. 
Aunque si lo pienso, merece la pena intentarlo. Si el premio son más noches sin dormir; más carantoñas y risas; más caricias, besos y abrazos; más llamadas inesperadas que alegran la tarde; más peleas tontas de fútbol, que terminan en besos interminables.

Si el premio eres tú, me compensa arriesgarme y ganar. ¿Y a ti?