sábado, 24 de mayo de 2014

Que me hacías falta tú a mi. Y yo sin darme cuenta, o engañándome a mi misma haciéndome creer que no.
Estar a tu lado me genera una tranquilidad necesaria en estos momentos. Hablar contigo relajadamente, sentados en una terraza bajo un sol que abandona el cielo de Madrid. Creo que te echaba de menos más de lo que creía o de lo que tal vez quería. Muy digna iba yo a nuestro encuentro, demasiado diría, y a pesar de eso al verte, me dio un vuelco el corazón. Se vinieron a mi memoria todos los sentimientos que había llegado a experimentar a tu lado y durante unos segundos fui incapaz de mantener la conversación porque trataba de asimilarlos. Los creía olvidados y me pilló desprevenida. Sentirte tan cerca de repente, me vino grande, no estaba preparada. Con una mirada tras otra, me iba adentrando en lo más profundo de tu ser y dejaba que tú te colaras un poco dentro de mí. Una caricia, una sonrisa, un silencio. Cómplices de nuevo. Y me robaste un beso, ahí supe que me tenías otra vez. Lo habías conseguido, rompiste todos los esquemas tan minuciosamente elaborados y almacenados en mi cabeza durante los últimos días. 

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